Por: Estela Alejandra García Guerra.
Dedicatoria:
A mi amado esposo, Rolando Francisco Zelaya y Ferrera, mi universo entero, faro constante, inspiración profunda, sabio maestro y leal compañero en este viaje llamado vida. Gracias a él, soy —en gran parte— la mujer que hoy escribe estas palabras.
A mi hija, Mónica Alejandra Zelaya García, mi todo, mi familia entera, mi orgullo más luminoso y la razón más pura para seguir existiendo.
Microrrelato
3: Cenizas y Tizas.
En medio de los escombros, encontré mi
pizarra. Muy estropeada, pero aún útil. El salón de clases ardió una noche de
protesta, pero la escuela no. Volvimos al día siguiente. Yo, con tizas prestadas.
Ellos con pupitres improvisados de los restos de la construcción. Y, aquel día
enseñamos lo que es la excelencia sin necesidad de nombrarla siquiera; la
revelamos con la obstinación que brillaba como una estrella terca en plena
tormenta. Demostramos que enseñar, no es simplemente dar respuestas, sino encender
un fuego –sigiloso, imperecedero- que arda
más allá del aula y del tiempo.