El mundo de Esther Garwer
Publicaciones en español que tratan acerca de investigaciones, análisis, reflexiones y, contenidos novedosos y actualizados sobre temas específicos o libres de nuestra realidad.
Seguidores
domingo, 9 de noviembre de 2025
Campaña Educativa: Amar a Honduras es...
miércoles, 23 de abril de 2025
Microrrelato 3: Cenizas y Tizas.
Por: Estela Alejandra García Guerra.
Dedicatoria:
A mi amado esposo, Rolando Francisco Zelaya y Ferrera, mi universo entero, faro constante, inspiración profunda, sabio maestro y leal compañero en este viaje llamado vida. Gracias a él, soy —en gran parte— la mujer que hoy escribe estas palabras.
A mi hija, Mónica Alejandra Zelaya García, mi todo, mi familia entera, mi orgullo más luminoso y la razón más pura para seguir existiendo.
Microrrelato
3: Cenizas y Tizas.
En medio de los escombros, encontré mi
pizarra. Muy estropeada, pero aún útil. El salón de clases ardió una noche de
protesta, pero la escuela no. Volvimos al día siguiente. Yo, con tizas prestadas.
Ellos con pupitres improvisados de los restos de la construcción. Y, aquel día
enseñamos lo que es la excelencia sin necesidad de nombrarla siquiera; la
revelamos con la obstinación que brillaba como una estrella terca en plena
tormenta. Demostramos que enseñar, no es simplemente dar respuestas, sino encender
un fuego –sigiloso, imperecedero- que arda
más allá del aula y del tiempo.
Microrrelato 2: El cuadro de Esther.
Microrrelato 1: El último en salir.
Por: Estela Alejandra García Guerra.
Dedicatoria:
A mi amado esposo, Rolando Francisco Zelaya y Ferrera, mi universo entero, faro constante, inspiración profunda, sabio maestro y leal compañero en este viaje llamado vida. Gracias a él, soy —en gran parte— la mujer que hoy escribe estas palabras.
A mi hija, Mónica Alejandra Zelaya García, mi todo, mi familia entera, mi orgullo más luminoso y la razón más pura para seguir existiendo.
Microrrelato
1: El último en salir.
Los pasillos de la Universidad estaban
casi vacíos y las luces, tenues. Sólo quedaba prácticamente él. Alejandro. El
que rara vez hablaba, pero que, en los momentos más inesperados, formulaba preguntas
hondas, necesarias, que nadie más en el salón de clases se atrevía a realizar cuando
el silencio parecía haberse vuelto ley. Nos quedamos dos horas más, desentrañando
ecuaciones y despejando dudas, como si en cada número halláramos una clave
secreta y, en cada pregunta, un mapa hacia algo más que una simple respuesta.
-
“¿Cree
que valga la pena tanto esfuerzo, Profe?” me dijo.
Lo miré directo: “La excelencia no se
mide por aplausos, Alejandro, sino por la silenciosa satisfacción personal con
la que cierras un día así, como hoy”
-
Asintió.
Y siguió.
Campaña Educativa: Amar a Honduras es...
Amar a Honduras es… Entender que la esperanza no se construye con discursos, sino con acciones. El país no cambiará cuando los corruptos se ...